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“… lo que se lee pasa-a-través de la escritura y queda indemne.”

(Epílogo, seminario 11, J. Lacan)

Seguimos con el festejo del décimo aniversario del programa y te adelantamos el editorial del siguiente número de exordio.

En ésta ocasión especial el dossier será: ¿Qué hacer con esas letras? Inauguramos la sección “Made in Germán”, presentada por JAM y acompañada de textos inéditos…

No te la pierdas!!



























La fugaz colección de los ilegibles

En el ensayo Chet Baker piensa en su arte, Enrique Vila-Matas trae a escena una cita de Ricardo Piglia para subrayar una táctica de lectura: armonizar dos tradiciones antagónicas y muy disímiles de la literatura argentina. Una armonía singular que sostiene la tensión de los contrarios sin resolverlos en un extremo o en el otro. Algunos contrarios se pueden bosquejar en dos maneras de narración, la realista, la novela-reflejo con escenas, tramas y caracteres psicológicos; y la experimental o de vanguardia, el arte auténtico, dirá Samuel Beckett, que no trata sobre algo, sobre las cosas, sino que es la cosa. En el ensayo mencionado, Vila-Matas, animador de elegantes lecturas, hace el relevo de esos linajes contrapuestos refiriéndose al mundo Hire y al refractario mundo Finn. El primero es confortable como una mansión con hogar y leños siempre encendidos que invitan a los visitantes a cobijarse. A la inversa, el mundo Finn, un espacio de no narratividad, sin amoblamiento ni señales de abrigo para quien quiera habitarlas, se configura con letras a la intemperie sobre “la realidad brutal del mundo”. La narrativa Hire es una forma inspirada en una novela de Georges Simenon, La prometida de Monsieur Hire, representante de una literatura legible, de fácil y tierno acceso. Por otra parte, los Finn, extremo de lo ilegible y de la dificultad, forman parte de una invisible e irónica comunidad de seguidores-lectores del Finnegans Wake de James Joyce. Dos dit-mansiones en juego son maneras de habitar el lenguaje. ¿Qué hacer con esas letras? Esta cuestión de estricta observancia literaria ¿de qué manera se presenta en el psicoanálisis actual? No perdamos la paciencia, es preciso que nos dejemos llevar y nos contagiemos de cierto distanciamiento como procedimiento señalado por Samuel Beckett, secretario de Joyce. Como prueba irreprochable de integridad artística, Beckett es- cribe que el distanciamiento que observó en Joyce respecto del contexto era absoluto: “Daba igual que fuera la caída de una hoja, o la caída de la noche, o incluso la caída de un imperio, el distanciamiento de Joyce era total”1.

Jacques-Alain Miller, poco tiempo después de la muerte de Jacques Lacan, retoma su Curso de “La orientación lacaniana” planteando, entre otras cosas, la diferencia entre los textos legibles y los ilegibles. En un breve racconto, refiriéndose a las obras literarias exploradas por Lacan, ubica El Seminario sobre La carta robada entre los primeros y Kant con Sade y Joyce el síntoma entre los ilegibles. Así, consignemos que el texto de Sade es ilegible por el peso sobre el objeto a; una obra literaria que testimonia acerca de la adhesividad del fantasma se mostrará refractaria a una lectura fácil, simplona. Por su parte, el texto de Joyce se entrega al goce puro del significante. Miller afirma que los ilegibles se pueden incluir en una colección por crear; requiere, conjeturamos, del movimiento de una obra en construcción permanente. Asimismo, en esas líneas, advertirá en qué puede derivar reducir la Enseñanza de Lacan a una sola colección:





“… porque solo se crean colecciones de ‘legibles’, cuando nos hacemos comprender –supongo que también es algo que ha entrado en la consideración del Dr. Lacan- el resultado es que nos hacemos tomar por estúpidos. Y en este sentido, lo ilegible protege, y por eso tiene cierta ventaja no leer la sigla A/ “2.





La consecuencia de ofrecerse a la comprensión es la estupidez. Entonces, dirá Miller, “estamos en una carrera contra la lectura que se aproxima”, es nuestro presente. Consideremos que ésta es una versión de lo legible, la que no solo no protege lo ilegible de los “dictados del sentido común”, según la frase de James Joyce, sino que impugna la dificultad de lo ilegible, de ver qué hacer con esas letras no interpretables.
A la inversa, desarmando la falaz disyuntiva de “o bien, o bien”, lo legible podrá ser un semblante del “poder de ilectura”, de un arreglárselas con las letras del síntoma que permitirán la ex–sistencia del psicoanálisis, “cuando el psicoanálisis haya depuesto sus armas frente a los crecientes impasses de la civilización”3.
La continuidad entre la vida y la obra; la obra continuándose en la vida que sobrevive al autor podría ser la afinidad más intensa entre dos discursos que nada tienen en común, la literatura y el psicoanálisis. Esa vida que se transmite, en cierto punto, ya corre por cuenta de los que están llegando al discurso analítico. Una diferencia se dirime en las respuestas que se inventan ambos discursos ante las posibilidades de su transmisión, del lector que vendrá. Oscar Masotta escribe en una Carta de 1979:





“Estuve pensando hace poco en el destino de la literatura de quienes, como nosotros, sólo disponemos de los analistas como audiencia. Temible. Sólo tendremos lectores dentro de veinte años (un escritor de otro tipo puede fantasear a su audiencia en términos de cientos de años) si la banda que hoy nos lee se mantiene hasta mañana. Como se ve, mi lamelle no carece de motivos para inducir vuestra investigación. ¿Pero qué es lo que hace que una banda pueda articular las oscuridades de hoy en una ciencia del porvenir?4





Lacan subraya que, sin dudas, Joyce gozaba en escribir a su manera, pero el hecho de haberse decidido a publicar el Finnegans Wake “deja perplejo, puesto que deja a toda la literatura pasmada. Despertarla es, precisamente, firmar que él quería su fin”5. Un goce individual en juego que, sin embargo, adquiere la forma de obra literaria, es la hazaña de la farsa de ese libro de Joyce. Lacan mismo se inspiró en Joyce, se dejó llevar, como señala Miller, para despertar al psicoanálisis de un “sueño dogmático”, de un saber legible-precocido y ya coleccionado. Su “última enseñanza” hasta cierto punto es el testimonio de su aspiración joyceana; basta recordar estas líneas donde se refiere a sí mismo: “Soy lo bastante amo de lalengua, aquella llamada francesa, por haber alcanzado en ella lo fascinante de testimoniar respecto del goce del propio síntoma. Goce opaco por excluir el sentido”6.
Al retomar, gracias a la virtud de la lectura, la conversación con los textos literarios, el tema de la transmisión y de la vida de un discurso se sitúa de lleno en la forma de armar las diferentes colecciones de lo ilegible/legible. Así, descubrimos el relato del escritor que se ve a sí mismo como un Frankestein tratando de unir “los cadáveres diseccionados de dos géneros literarios que habrían terminado por ser dos convenciones muertas: el realismo y el experimentalismo radical”7. Ese cuerpo monstruoso, no es más que un semblante que permitirá una combinación vital y explosiva de hacerse pasar por una obra “para gente corriente (…)que leería confiada (igual que ve un programa de televisión y se zampa un bollo tranquilamente) en su creencia de estar ante una sencilla novela (…) cuando en realidad estaría entregada a la lectura del más puro y duro Joyce”8.

Esta intromisión literaria tal vez nos permita visualizar el ensamblaje entre el lado Finn, el núcleo duro de la “Última enseñanza de Lacan” y la transmisión expuesta por Miller en su fugaz nota “Tornada”. Sorprende el contraste de tonos, el movimiento de contrario a contrario, entre el “deseo luciferiano” -el que lleva luz a las tinieblas- de Lacan y la acción del mismo Miller: “el fiel Acates que carga sobre sus espaldas el peso de esta luz invoca tu sombra gloriosa para atestiguar: (…)”9.
Vaivén de ida y vuelta sin llegar a ninguna síntesis ni anulación del contrario, entre la luz y las tinieblas, entre la sombría sinfonía “con mil aires alegres” y la satisfacción de haberla atemperado, se hace scherzando 10, tiene la gracia del scherzo, un paso divertido… Pero ¿con qué fin? El fin no es otro que el seguir recreando la vida de la Enseñanza de Jacques Lacan “sin revelar nada al vulgo de los arcanos intactos de tu carta velada”11.


Barajar y dar de nuevo
El 26 de diciembre pasado nos sorprende la noticia de la muerte de Germán García, mentor de publicaciones, exordio, una de ellas. La conversación que supo transmitir al Comité de Redacción es el germen de un deseo que se instala en quienes queremos proseguirlo.
Made in Germán es una carta que la tenemos, como dice Jacques-Alain Miller, por delante, de frente. En este nuevo contexto barajamos, mezclamos en el torbellino de un archivo en permanente construcción, y entramos con esta nueva edición de exordio a la carrera más difícil, la del lector que empieza a formar parte de la obra:





“El horrible arte y las acumulaciones de gloria del pasado, que existirán siempre, se deben: al sonido de los idiomas y a la existencia del público; sin ese sonido quedará el solo camino de pensar y crear; sin público la calamidad recitadora no ahogará el arte” 12.





A su vez, en un recodo de esta marcha que “no cree en, ni estima, otra posteridad que la noche para cada día” nos encontramos con una inesperada correspondencia de Oscar Masotta a Mirtha Dermisache. Masotta dirá que los grafismos de la excepcional artista se disponen en un arte que obedecen a la rigurosa ley de jamás decir nada. Como un animal testarudo y salvaje, su arte se aísla en un territorio, el medio no es el canal… Ese territorio nos interesa seguir explorando.


César Mazza






1Vila-Matas, E. Chet Baker piensa en su arte. Ed. Debolsillo, Buenos Aires, 2012,pág. 251.
2Miller, J.-A. Del síntoma al fantasma. Y retorno. Ed. Paidós. Buenos Aires, 2018, pág. 28.

3 Lacan citado por Miller en el prólogo a Otros escritos de Jacques Lacan. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 16.
4 Masotta, O. en “Carta a ‘Notas de la Escuela Freudiana’” en Homenaje a Oscar Masotta. Ed. Paradiso, Buenos Aires, 1980, pág. 103.
5 “Joyce el síntoma” en Otros escritos de Jacques Lacan. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 596.
6 Op. Cit.
7 Vila-Matas, E., Chet Baker …, pág. 288.
8 Op. Cit.
9 Miller, J.-A. “Nota paso a paso” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 23 El sinthome. Ed. Paidós. Buenos Aires, 2006, pág. 239.
10 Movimiento de juego, alegre y vivaz resaltado por Vladimir Jankélévitch respecto de la operación irónica.
11 Op. Cit.
12 Fernández, Macedonio: El Museo de la Novela de la Eterna. Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1975, pág. 46.

3 Lacan citado por Miller en el prólogo a Otros escritos de Jacques Lacan. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 16.
4 Masotta, O. en “Carta a ‘Notas de la Escuela Freudiana’” en Homenaje a Oscar Masotta. Ed. Paradiso, Buenos Aires, 1980, pág. 103.
5 “Joyce el síntoma” en Otros escritos de Jacques Lacan. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 596.
6 Op. Cit.
7 Vila-Matas, E., Chet Baker …, pág. 288.
8 Op. Cit.
9 Miller, J.-A. “Nota paso a paso” en El Seminario de Jacques Lacan. Libro 23 El sinthome. Ed. Paidós. Buenos Aires, 2006, pág. 239.
10 Movimiento de juego, alegre y vivaz resaltado por Vladimir Jankélévitch respecto de la operación irónica.
11 Op. Cit.
12 Fernández, Macedonio: El Museo de la Novela de la Eterna. Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1975, pág. 46.





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