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Al Lector por venir

Por César Mazza

 …comparemos dos fórmulas: “Eres o serás lo que lees” y “Eso que eres, sólo eso puedes leer”

Harold Bloom

Estas fórmulas señaladas por el crítico literario guardan una fuerte afinidad con el concepto de lectura en psicoanálisis. En la primera proposición, consideramos los efectos del Otro sobre el sujeto, el sujeto es hablado-leído: en esta posición siempre el lector responderá con un “oigo”, siempre será predicado. En la segunda, encontramos que la lectura realiza una separación. El lector, al apropiarse del texto, al llevarlo a formar parte de su vida, efectúa una necesaria transformación sobre él. “Tergiversación”, “mala lectura” dirá el crítico. De esta forma, todo lector (en el sentido fuerte) es un precursor y toda lectura un acto de “influencias”. La influencia conlleva un doble movimiento: ser influido por el texto e influir a otro lector con la comunicación de la lectura.

La Lectura, término resaltado por Jacques-Alain Miller, es una categoría que “se gana estudiándola, formándose en sistema, a pesar de la elipse del estilo, necesaria, según Lacan, a la formación de los analistas”[1]. La sistematización de la Lectura tiene una eficacia en la “formación de los analistas”. Sin embargo, no dejamos de advertir que toda sistematización excede su sintaxis, puesto que ésta albergará, por definición, una hiancia irreductible.

“¿Puede un psicoanalista tener ideas que no sabe escribir, aceptar el estilo del Otro como exterior a su decir?”[2] En cierto punto no hay lectura sin su exposición; sin una ex–posición, la que tuvo el lector cuando sólo fue influido. Aquí entrará en escena la escritura, la edición de la palabra. No ya un leer sino un escribir: “el verdadero modo de no leer”, un vengarse por haber leído tanto.

Exordio es una instancia del Programa de Lectura e Investigación El psicoanálisis en la cultura del CIEC. Exordio es un término de la Retórica usado para designar un elemento del dispositivo discursivo. En los dos extremos del discurso tenemos, al comienzo, el exordio y sobre el final, el epílogo. Ambas piezas, dedicadas a conmover al lector. La parte intermedia consiste en un llamado a la razón, cubierto por la narratio (relato de los hechos) y la confirmatio (establecimiento de las pruebas o vías de persuasión).

En esta máquina retórica, dirá en su “Ayudamemoria” Roland Barthes, nos encontramos con un quiasmo: dos trozos de elemento “pasional” enmarcan un bloque demostrativo. Por nuestra parte, elegimos para las secciones una disposición que quiere conjugar la precisión junto a la alegría: Apuesta, Tensiones, Sínthoma, Dossier, Pasando Revista.

Porque un Exordio del psicoanálisis se refiere tanto a la instalación del psicoanálisis en la cultura como a la introducción del practicante a ese discurso. Sabemos que una instalación, concepto de las vanguardias estéticas, no se realiza de una sola vez. Implica sucesivas apuestas, tensiones… El sinthoma decidirá qué hacer con los restos de lo que fue una gran idea o un gran proyecto sostenido en los bien intencionados ideales.

Pasar a la segunda fórmula citada, aquella que concibe la lectura como un parirse, nos lleva a protagonizar una sustracción del dilema de Madame Bovary: “Encuentro en lo que leo una intensidad que busco después en la vida”. Y desplazar de su centro a esa lectura que sólo se define como actividad contemplativa: ensueño diurno de pertenecer a un mundo ya hecho por el supuesto deseo del Otro.

 

Notas:

[1] Miller, Jacques-Alain “Índice razonado de los conceptos principales” en Lacan, Jacques. Escritos 2. Buenos Aires: Ed Siglo XXI, 1988. p.874

[2] García, Germán. “Historia y transmisión” en El Modelo pulsional. Oscar Masotta. Bs. As.: Ed. Altazor. 1980.

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