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El valor de una partida

Por César Mazza

“El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.”

J. L. Borges, La rosa de Paracelso

Si es posible rastrear un comienzo tal vez deba subrayarse la apertura, término preciso para señalar el inicio de un juego, del Programa Psicoanálisis en la cultura:

En este proyecto se involucraron, principalmente, algunos jóvenes, jóvenes en el sentido que le da Witold Gombrowicz: aquellos que no se deben a ninguna otra institución más que a su juventud. La juventud imprescindible entonces para avivar con el  trabajo decidido un movimiento: proponer y sostener una agenda. Una acción que genera sus condiciones de enunciación  antes que querer encajar o acomodarse en los enunciados existentes. (“Un comienzo”)

Me gustaba ensayar esa conexión entre la figura de la juventud extraída de Gombrowicz y el lugar protagonizado por los que recién están llegando a un nuevo discurso. Al mismo tiempo, el Programa -que hacía las veces de médium– también se encontraba en su comienzo. Pero para salirse, una vez más, de la tontería, de la cretina creencia en la continuidad, es preciso retomar ese comienzo. Hay una razón conceptual en juego, sólo hay comienzo si partimos “casi de cero”.

Cuando Oscar Masotta inaugura en el contexto porteño de 1969 su Introducción a la lectura de Jacques Lacan se pregunta por su audiencia: “Y nadie se avergüenza, en efecto, de no haber podido ir más allá de la primera página de los Écrits, y aún, se lo confiesa llanamente, sin haber podido entender lo que se leía” (Masotta, 15). Este supuesto lector de Lacan se encuentra en óptimas condiciones porque esperará algo de ese inédito e imposible lugar: “Lacan, atrae, intriga y hay quienes –no son los peores- esperan bastante de su pensamiento” (15). Situación excelente, remarcará Masotta, porque si la audiencia espera es porque tiene poco entre las manos y permitirá comenzar casi de cero.

En la situación actual, en un fuerte contraste con aquel comienzo masottiano, la vergüenza por la dificultad que conlleva el estilo de Jacques Lacan es de una rareza casi extraterrestre. Pero no nos desesperemos ni nos dejemos llevar por un aire de nostalgia, por un pasado glorioso… sería ceder a una idealizante noción de progreso. No. Nuestra apuesta consiste en ubicar la diferencia entre el cero de la nulidad y el cero de la ingenuidad en cada Exordio que emprendemos. La ingenuidad, plantea J.-A. Miller, se refiere a no estar marcado de antemano por los efectos del campo que se está estudiando. Tan es así que se puede afirmar que la experiencia analítica queda teñida de partida por una ingenuidad metódica. A la inversa, el cero de la nulidad es un cero de la incompetencia, la nulidad de alguien que ya sabe lo que tiene que hacer para pertenecer a una comunidad. La formación del nulo es un viaje que se hace para volver y reafirmar siempre el mismo punto: nada imprevisible se pondrá en juego. Elegimos el viaje del ingenuo que “señala, en cambio, lo que está por venir y es un cero de apertura” (Miller, 319).

 

Bibliografía

  • Masotta, Oscar. “Psicoanálisis y estructuralismo”. Introducción a la lectura de Jacques Lacan. Bs. As.:Ed. Corregidor, 1999
  • Miller, J.-A. El banquete de los analistas. Bs. As.: Ed. Paidós, 2000

Sumario:

Sumario

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