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UN ABRAZO GRANDE – Vicente Palomera

Estimado César,

Una y media de la madrugada, día 27 de diciembre. Leo tu correo: ¡Germán ha fallecido! ….La muerte aparece como uno de esos torpedos que alcanzan el casco de un buque en la misma linea de flotación. Me empiezo a hundir en la pena, con la impotencia y la rabia. Acababa de decírselo a mi compañera, Rosalba y ella declara: “¡Ha sido un año horrible que vuelve golpeándonos con la muerte del querido Germán!”.
Hace pocos días, había visto el video de la presentación de tu libro sobre Germán en el Centro Descartes y al  oír a Alan Pauls hablando del  “duro momento que estaba atravesando Germán” no supe a qué se refería. Llamé enseguida por teléfono a una colega de Buenos Aires quien me confirmó que había sufrido una crisis cardio-respiratoria. ¡Ironías de la vida! He conocído a poca gente con una generosidad intelectual mayor y con un corazón tan ávido por encontrarse con esa fraternidad de quienes compartían ese humor tan “Germabrowicziano” como yo le decía a él. Se mueren muchas cosas con su desaparición. Dudo que el psicoanálisis y el mundo de las letras en Argentina tengan aún alguna medida de lo que supone su desaparición. Estarás de acuerdo conmigo que se pierde esa extimidad que Germán supo encarnar en el país. Por mi parte, he de declarar que sin el encuentro con esa extimidad que, primero Oscar Masotta y luego Germán García  supieron encarnar sería  difícil que se hubiese fabricado ese destino que me llevó al psicoanálisis. Me despido ahora, estimado César, con mucha pena.
Un abrazo
Vicente Palomera
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Nota.  Un  último “saludo estructuralista” a Germán.
Germán compartía a la sazón mi gusto por el “periplo estructuralista” que tan fructífero fue en la enseñanza del Lacan.  Yo daba clases de Antropología Cultural en la Universidad de Barcelona y me invitaron a escribir, en 1984, un ensayo crítico sobre la noción de “Personalidad” en la Psicología. Allí evoqué el siguiente párrafo de Claude Levi-Strauss que me permite enviarle un último “saludo estructuralista” al amigo al que no veremos más cuando volvamos a Buenos Aires:
“Lo que desaparece, cuando una personalidad muere, consiste en una síntesis de ideas y conductas, tan exclusiva e insustituible, como la efectuada por una especie floral, a partir de cuerpos físicos simples utilizados por todas las especies. La pérdida de un allegado o de un personaje público: político, escritor o artista, cuando nos afecta, lo hace de la misma manera en que sentiríamos la irreparable privación de un perfume, si Rosa centifolia se extinguiese. Desde este punto de vista, no es falso decir que algunos modos de clasificación, arbitrariamente aislados con la etiqueta de totemismo, tienen un empleo universal: entre nosotros, este “totemismo”, solamente se ha humanizado . Ocurre como si, en nuestra civilización cada individuo tuviese su propia personalidad por totem: ella es el significante de su ser significado” (Lévi-Strauss, C.,  El pensamiento salvaje, FCE, México, p.  312).
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  • Por Horacio González*
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Germán García fue una extraña clase de erudito, voraz, inalcanzable. ¿Pero que hacía con eso? Sorprenderse, usar al descuido pero no sin consecuencias, alguna cita desencajada. Conversar con él, lo que esporádicamente recuerdo en un lapso de más de tres décadas, era esperar la estocada chistosa que demantelara todo lo hablado. Es que Germán era un analista de lo insoportable; aclaro, él investigaba el mundo, las relaciones minuciosas entre personas, el encuentro casual y la conversación privada. No es que allí no hubiera momentos cálidos, pero no claudicaban nunca los estiletes humorísticos destinados a desmembrar todos los modos de uso de las palabras que parecieran ensamblados y orgullosas de su sentido. Era un analista se dirá, y se dirá también que proseguía manteniendo la memoria de Masotta. Pero yo creo algo más. Había algo encerrado en su estilística conversacional, algo que podría encontrarse en el lenguaje y la historia de Nanina, su primera novela. Y eso era su jocoso y acaso inadvertido manierismo para descolocar al que quisiese explicar algo, al que formulase teorías orgánicas, al que expusiese su saber con terminología adecuada. No se como era su trato con su pacientes o con los psicoanalistas que supervisaba. Sé en cambio de su analítica en la vida diaria, en los grupos de amigos, en los ocasionales encuentros en librerías, y en los últimos tiempos en la casa de Piglia, ese largo tramo que al cesar dejaba más angosta nuestras vidas. Allí, con su ironía barrial y su gracioso recelo a todo empeño de organizar en forma universitaria los conocimientos, lanzaba púas que se alojaban en la materia viva de cada frase de quienquiera fuese. Entonces todo se tornaba etéreo, insustentable. Lo que parecía destinado a la cortesía complaciente, se hacía insoportable, pero sin perderse la dignidad del trato. Insoportable, digo, porque Germán, según creo, practicaba un psicoanálisis escrito en su rostro mordazmente cariñoso, prueba de que tomaba todas las pistas sueltas que dejan las casualidades mundanas, y al verlas siempre por dentro, le motivaban ese escepticismo que no reprobaba a nadie, sino que lo llevaba a descubrir la risa del mundo.
(*del Fb. de Nana Regina)

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  • La risa de los que vendrán*

Germán García es un efecto del discurso analítico. Esa vida física, que hasta hace poco se movía por una zona muy precisa en Buenos Aires, supo deambular a los diecinueve años por Río de Janeiro. Sin amigos ni dinero ni mujer, en continuación con la Nada. Como quién llega a una vida, con ese deambular arrojado, despejó otra cosa: una ditmansion, un lugar para vivir. La lectura de H. Miller le dio letra a ese primer periplo. Así, el júbilo de la necesidad se cifró en su escudo de armas. Entonces el busca juega a entrar en la escena del mundo con “el orgullo de la lectura en la jactancia desoladora de escribir” (1). De repente encuentra, en Ferdydurke de W. Gombrowicz, la risa. Sin nada que esperar, insolencia absoluta, este goce se impone como provocador de una creación. ¿Qué hacer para no morir de risa? ¿Contenerse con un trabajo, inventarse un estado civil? Tal vez sí, pero a condición de apoyarse en el acontecimiento. Sobreviviente al fin, escribirá: “Hoy, primero de febrero de 1979, vuelvo a reír de la misma forma cuando experimento algún libro de Gombrowicz y recupero en el eco debilitado de mi risa actual el eco siempre renovado de aquella risa absoluta”. Esa risa será clave en su inventiva, con ella en-corps, se incorpora en el discurso analítico al mismo tiempo en que lo recrea, lo divierte. Referirse al psicoanálisis es una decisión, es el cero de la decisión. El cero, concepto no idéntico a sí mismo, no precisa subsumir ningún objeto, ni árbol genealógico, ni patria de origen. “Vengo de la literatura”, deslizará Germán García en ocasión de entrevistarse con Jacques Lacan. Frase a la que le agregará años después: “era menos patético que decir vengo de la Argentina”. Tal vez porque la filiación a la referencia de Jacques Lacan no precisa enarbolar ninguna heráldica, Germán juega con la metáfora al sustituir el país natal por la República de las Letras.

En una oportunidad, a comienzos de los ‘90 en Barcelona, en una suerte de “Presentación”, en un Homenaje a Oscar Masotta, Jacques-Alain Miller escribe sobre el estilo de Germán en los siguientes términos:

De la enseñanza de Lacan ha presentado siempre una imagen de alto color y, a la vez, una demostración viviente de que se puede ser fiel a la enseñanza de Lacan y a la vez, no perder nada de su personalidad, su estilo y su dinamismo (…) hay de manera evidente un contraste entre este largo recorrido y lo que aparece como su constante juventud y entusiasmo. Ya es una obra que tiene una consistencia impresionante y es notable que nadie piense que hemos elegido a una persona que tiene una obra detrás de él. La tiene enfrente, no conozco a nadie que esté menos de vuelta que Germán García.”. Sagacidad del retratista, al señalar la juventud como obra inacabada.

No deja de conmoverme, luego de este 26 de diciembre -leyendo innumerables mensajes, textos, micro relatos y declaraciones-, verificar cómo la referencia Made in Germán se incorporó en esas vidas. Hay quienes se sirven de él para pasar a otro discurso o bien a otra conversación.

La risa de Germán García, esa pizca buscavida, cuya falta haría vano el universo del psicoanálisis, designa su encarnadura, una forma de dejar que el discurso analítico se instale en su vida y pase a la vida de quien quiera tomarlo.

César Mazza, Córdoba 29 de diciembre 2018

  1. GG: “Gombrowicz, cómico de la lengua”, revista escrita, agosto 1981, Córdoba.

*Jacques Lacan, Posición del inconsciente, Escritos 2.

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  • Germán García – Por Miquel Bassols y Gustavo Dessal

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Germán, por María Moreno

 

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    • Evocando a Germán García – Ofelia Wyngaard (Magister en Filosofía)

 

 

 

 

 

 

 

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  • A propósito de las conversaciones de Germán García con Jacques Lacan… – C. Mazza

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XXVII Coloquio Descartes: Destellos Mediterráneos. Para orientarse en la oscuridad. (2013).

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Germán García, visto de cerca: la vida intensa de un pionero que desafió “la moral y las buenas costumbres” – J.J. Mendoza

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Honoris Causa otorgado por UNC, 2014.
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