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A propósito de la traducción en nuestra lengua del libro La leyenda negra de Jacques Lacan. Élisabeth Roudinesco y su método histórico (Nathalie Jaudel, París 2014), invitamos a los interesados a enviarnos sus notas de lectura.
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Al desmontar un retrato de Lacan sumergido en la doxa y por el preciso uso de las referencias, Jaudel abre, entre líneas, el juego a un lector desprejuiciado, disponible a un humor made in Lacan. Un lector capaz de dejarse impactar por el enigma de esa vida que pasa a través de su llamada Enseñanza.
Vale decir que tal supuesto lector no es aún un lector ya hecho, sino que se irá haciendo al desprenderse del tedio causado por la calamidad recitadora. Frase-iluminación de Macedonio Fernández que sitúa una sensibilidad en nuestra cultura partidaria de las Novelas-reflejo, un arte hecho de copias de la supuesta realidad, fabricada de continuidades y de desenlaces finales.
No dejaremos pasar la ocasión en este convite de lectura para traer a escena el término réson transcripto del francés. Fraguada por el poeta Francis Ponge, esta palabra se encuentra citada por Lacan en una llamada al pie de página agregada en 1966 al final de “Función y campo de la palabra…” (Escritos 1): “Ponge escribe esto: réson”.
La verdad de la palabra, dirá Jacques-Alain Miller, se sitúa en la palabra creadora. Esta palabra se delinea sin relación alguna a la “Revelación” religiosa. Se trata de una resonancia, réson que capta a su vez una razón que para Lacan se puede escribir en fórmulas… Cuestión que retomaremos en otra oportunidad.
Silvio Mattoni, poeta, traductor y ensayista, en su “Epílogo” de “Tentativa Oral” (Francis Ponge. Alción editora, Córdoba, 1995) escribe unas sutiles líneas acerca de la recepción de Ponge en Argentina. Menciona un antecedente de su traducción realizada por Jorge Luis Borges en la revista Sur (1947). Curiosamente Borges nunca recordó esas traducciones ni aludió a la obra de Ponge, “casi su coetáneo exacto”. De una forma discreta, el traductor da a entender que ese olvido borgeano se debe a una contraofensiva. Vale la pena detenerse en este rastreo.
En “Pierre Menard, autor del Quijote” (Ficciones, 1944) Borges elige a un escritor francés, el escritor francés por antonomasia es Pierre Menard. En el proceder de Pierre Menard el jugar con las referencias permite tanto el desarme de la impostura de la cita de autoridad, del Uno totalitario de la identificación, como del mito del original y de las copias in/fieles. En este caso El Quijote de Cervantes. Así, el relato despeja una empresa singular. El método empleado por Menard reduce al absurdo el espejismo de la identificación, al trastocarse el sentido se llega a conclusiones impensables y podrá causar la risa de cualquiera que se haya prestado al juego.
“Conocer bien el español (siendo el autor un francés del Siglo XX), recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa en los años de 1602 y de 1918, ser Miguel de Cervantes. Pierre Menard estudió ese procedimiento (sé que logró un manejo bastante fiel del español del siglo XVII) pero lo descartó por fácil (…)
Ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Cervantes y llegar al Quijote le pareció menos arduo –por consiguiente, menos interesante-que seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote, a través de las experiencias de Pierre Menard” (J. L. Borges).
En su archivo particular, escribe Borges, se encontrará en este original autor “un obstinado análisis de las costumbres sintácticas en Toulet” y la siguiente anotación: censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tiene que ver con la crítica.
Ante el efecto inverso de una réson, en una imitación de la cultura francesa llevada a lo caricaturesco, Borges se olvida de Ponge: “(…) la francofilia de los argentinos, que se remonta hasta Sarmiento e incluso más allá, invirtió el efecto de la sátira borgeana e hizo de Pierre Menard un emblema de la escritura futura” (SM).
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En fin, costumbres argentinas a la que no escapan los psicoanalistas y que algunos auto-ri(tuali)zándose en un derecho consuetudinario no dejan de amortiguar la virulencia de la Enseñanza de Lacan en una letanía o de menoscabar la fuerza enunciativa de una referencia en el ensueño de una monolítica pertenencia institucional.
Barajamos y damos de nuevo. En un trayecto de diez años, retomamos ese gesto inaugural del Programa psicoanálisis en la cultura de equivocar los lugares fijados por la fuerza de la costumbre. Así es que anunciamos el reciente arribo a la Redacción sinthomaycultura del punzante texto de Néstor Argot, Leyendas negras e imperativos crueles. Tal vez como un Pierre Menard de estos tiempos, jugando con la experimentación de la cita y advertido de los efectos de la mímesis cultural, el autor se permite emplear a su manera las referencias para con ellas tocar y extraer una consecuencia del violento movimiento de lo real.
César Mazza
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Una rumbita se armó,

una fea carajada.

Incombustible no sos,

Cómo bancas ese infierno?

Soñás la hoguera donde siempre sos la leña.

Patricio Rey y sus redonditos de ricota.

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2° Resón: Operación Jaudel: Los puntos sobre las íes – Cecilia Fasano*

 

“La desconfianza se convierte en sospecha, la sospecha se convierte en certeza. Se abre entonces el espacio de la interpretación malintencionada -interpretación, se podría decir, “en nombre de lo peor:…”

Nathalie Jaudel, La leyenda negra de Jacques LacanÉlisabeth Roudinesco y su método histórico, 2016

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*(Psicoanalista, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Directora de la revista “Estrategias -Psicoanálisis y Salud Mental -” del Hospital Dr. R. Rossi La Plata)

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