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A propósito del Curso Breve: El arte del bien decir: Una referencia de Jacques Lacan

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Juliano, yo mismo.

 

Kojève, hay que recordar, tuvo la revelación (…): vio a Descartes
y su cogito frente a Buda y la disolución del yo (moi).
Germán García.

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Así podría titularse el texto de Kojève sobre el emperador Juliano y su arte de escribir. El texto que devela el arte de Juliano, oculta, tras la figura del autor académico, del filósofo homenajeando a otro filósofo, las suspicacias que él mismo hace de ese uso. Kojève, él mismo teólogo ateo, filósofo académico, y finalmente político-funcionario, no deja de crearse en Juliano el espejo de su develamiento, o mejor, para usar una palabra masottiana, su delación.
 Algunas curiosidades: de los alumnos de Kojève en el seminario sobre Hegel, dos de ellos se convierten en autores de las obras “confesionales” más importantes de su tiempo. Bataille escribe su trilogía titulada Summa ateológica (El Culpable, Sobre Nietzsche y La experiencia interior, sobre la cual vuelve Lacan en los últimos párrafos de De una cuestión preliminar…) en el período de entreguerras. Michel Leiris escribe La edad del hombre en 1939, año en el cual culminaba el seminario de Kojeve sobre la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Ambos proyectos están signados por el psicoanálisis. Tanto Leiris como Bataille dirán que esos escritos tuvieron la marca de sus procesos analíticos y de su interés teórico por el psicoanálisis. También están signados por el estilo “confesional”. Pero a contrapelo de la confesión cristiana, estas obras tienen como objeto exponer al “yo” para “perderlo”. Tanto Bataille como Leiris, ven en el “yo” el cúmulo de mandatos, hábitos, valores en general que conforman el espíritu gregario (utilizando el término nietzscheano) que se comparte en la “educación” o bildung de una época/lugar determinados. Cualquier transvaloración de esos valores supone justamente su atravesamiento, su puesta en juego, dirá Bataille.
En un texto sobre las reediciones de los libros de Masotta publicado en la revista Ñ, Germán García dice que Masotta le dijo que le hubiese gustado escribir un libro como La edad del hombre de Leiris[1]. Un libro de estilo confesional. Tiempo después escribió un prólogo a su libro sobre Roberto Arlt que juega entre la confesión y la delación: Roberto Arlt, yo mismo. Allí Masotta nota que el “mensaje” cifrado de la novelística de Arlt, es dar cuenta que en el hombre de clase media hay un delator en potencia. La sociedad nos enseña y fija nuestros carriles de conducta (actuar, dice Masotta, es vehiculizar ciertos sistema inconscientes que actúan en uno y que actúan sobre ciertos carriles fijados por la sociedad), al tiempo que las contingencias de la vida social nos ponen frente al dilema de cómo actuar en base a esos valores. Actuar, vuelve a decir Masotta, es como tener que resolver un problema de lógica[2] y la locura es, contrariamente a lo que una literatura envejecida, burguesa, nos ha querido hacer entender, lo opuesto a la incoherencia. Es más bien la puesta en práctica de la máxima existencia de lógica y razón. Masotta, confiesa que estaba un poco loco cuando escribió su libro sobre Arlt. Dice, pesaban sobre mí  un conjunto de estructuras, un pasado, que se contradecían, las que yo intentaba estúpida e inconscientemente resolver. Resolver esos problemas de manera lógica y racional implica devenir un delator. Si Arlt denuncia a la sociedad que produce delatores, entonces Masotta pasa de la locura de salvaguardar una estructura social (pensando sobre Arlt descubría el sentido de mis conductas actuales y de mis conductas pasadas: que dura y crudamente habían estado determinadas por mi origen social), de convertirse en uno más de sus delatores, a la confesión de cierta culpa de clase. Es a partir de Arlt que puede encontrar su
mismo
, esa intimidad o interioridad que no delata a otro, tampoco delata a la sociedad que delata, sino que se delata. Delación de lo que habla en mí mismo.
 Por otra parte, la puesta en juego del “yo” tiene una consecuencia de estilo, es decir, por un lado una separación de esas estructuras (pre)fijadas; y por otro, la creación de un tercero que pueda albergar eso que no entra en la clase, que no puede clasificarse y que necesita de nuevos oídos para ser escuchado. Sabemos que para Masotta, en cierto sentido, ese paso fue el paso de la filosofía existencialista al psicoanálisis. Sabemos también que en ese paso algo se perdió y que el nombre de Masotta quedó, para el discurso oficial, en un marco general de referencias más que un uso de sus conceptos.
Kojève advierte que espera no haber develado ningún secreto en la escritura de Juliano. Se disculpa, irónicamente, de su acto de delación. Pero él no escribe para develar el secreto de Juliano, o de ningún filósofo. Él escribe para velarse él mismo, para decir lo suyo a partir de otro, para darle a entender a los filósofos (políticos) que no se gobierna con el saber, sino con el bien decir. Un decir situado, atento a la inmanencia de lo real. Por eso posteriormente, en una entrevista, dirá que le interesa más hablar con aquellos hombres que tienen una influencia en la bolsa de comercio (recuérdese a Miller al respecto), más que con filósofos cuyo decir se diluye en una palabra que se inmuniza de sus consecuencias. La palabra no es un acto inmune pronunciado en la asepsia de los congresos de filosofía. Es la palabra que hecha a rodar por las calles desterritorializando (el término es de Deleuze) la lengua oficial.
Por último. El ruso que elije el francés para hablar el alemán de Hegel; o el argentino que elije hablar el francés enrevesado de Lacan, tienen la prestancia política que Deleuze le adjudicaba a las literaturas menores. Su carácter esencialmente marginal y disruptivo los convierte en lenguajes netamente políticos. Se convierten en pequeños archipiélagos en el mar de la lengua, en la exigencia lógica de la lengua.
Juan Conforte

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Notas:

[1] Germán García, Masotta vuelve, en http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2010/05/15/_-02195537.htm
[2]Oscar Masotta, “Roberto Arlt, yo mismo” en Conciencia y estructura, Eterna Cadencia, p. 226.

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Dictado por César Mazza el 9/16/23 de Febrero de 2017 en Auditorium del CIEC (27 de Abril 929 – 4ºB)

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Dossier:

Dossier para imprimir: Dossier Virtual

También en Fotocopias Cacho – Av. Vélez Sársfield 56 Local 27. (Galería Santo Domingo)

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